domingo, enero 03, 2016

Bertram Kastner (2) - La visión de los cazadores

Esta es la 2ª página del relato interactivo de Bertram Kastner, basado en el juego Vampiro La Mascarada. Puedes participar en los comentarios decidiendo sus siguientes pasos.




   Casi era medianoche cuando el tren en el que viajaba Bertram entraba en la estación de Stuttgart. Al incorporarse de su asiento para recoger su maleta, no pudo evitar verse reflejado en el cristal de la ventanilla. Ya no era la misma persona que la última vez que coincidió con Alger. Ni siquiera era el mismo hombre que era hace menos de una semana. Aún peor, ya no era una persona. ¿Notaría Alger esta diferencia?


   Decidió que de momento no le contaría nada a su amigo sobre el gran cambio que había sufrido, aunque sí que pretendía ir preparándolo para darle esa noticia más adelante. Alger no se caracterizaba por guardar pequeños secretos, ya que incluso los aireaba y los utilizaba como mofa. Pero cuando se le contaba algo más serio o de vital importancia, se convertía en una tumba. Incluso, era un maestro jugando al despiste y desviando la atención de los curiosos para que la información quedara lo más enterrada posible.

—Señor, ¿va a salir? —refunfuñó un viajero a su lado—. No tenemos toda la noche para estar esperándole.


   Bertram despertó de sus pensamientos y se dio cuenta de que el pasillo de un vagón de tren lleno de gente ansiosa por salir no era el mejor lugar para detenerse a reflexionar.

—Oh..., sí, sí. Discúlpeme —respondió Bertram sin poder sonrojarse de vergüenza como lo haría cualquier mortal.


   Agarró su maleta y salió hacia el andén. Tras cruzar el edificio de la estación, se dirigió hacia la puerta principal y llegó a la calle.


   Ya en el exterior, observaba cómo la gente subía a sus vehículos y a los taxis, que gradualmente iban abandonando los alrededores de la estación. Pero no había rastro de Alger. Apoyado en la pared, empezó a fijarse en los transeúntes que pasaban de un lado para otro delante de sus ojos. Al poco, estas personas se convirtieron en exquisitos platos de alta cocina listos para servir, llevados por gráciles camareros que pasaban fugazmente y cuyo aroma le hacía la boca agua. Sacudió la cabeza para quitarse esa estúpida idea, pero no tardó en volver a ocuparla con una visión más absurda y salvaje todavía.


   La gente de alrededor se había convertido en ovejas que paseaban alegremente y pastaban en un prado. Al principio, esa visión le hizo gracia; hasta que advirtió que él no era el pastor de esos animales, sino el lobo que estaba eligiendo a su presa.





   Lentamente, como lobo empezó a caminar hacia un grupo numeroso de ovejas en el que había una más apartada y distraída del resto. Aunque parecía que las ovejas ignoraban la presencia del lobo, éstas iban haciéndole un pasillo hacia la oveja que más le estaba llamando la atención. Conforme se adentró en el grupo, empezó a sentir los latidos del corazón de sus presas, que en conjunto parecían el resonar de unos tambores. El sonido se hizo más intenso conforme se acercaba a la oveja distraída.


   Pero de repente, en lo alto de una colina cercana apareció la silueta de otro lobo clavando su mirada en él. Los dientes de su boca abierta le estaban dejando claro que esas ovejas le pertenecían y que no las iba a compartir con él. El lobo sentenció la situación dando un aullido intenso que estremeció a un aterrado Bertram.


   En ese instante, toda esa visión se esfumó, dando paso al mundo real. Las ovejas volvieron a ser personas, ajenas a toda la escena del prado. Y en el lugar donde había aparecido el lobo rival, se encontraba una persona envuelta en un halo rojo intenso, mirándole fijamente al igual que lo hacía en la ensoñación. Tal era la tensión que le producía, que se giró sobresaltado al notar una palmada en la espalda de su amigo Alger.


   Tras un momento de dudas, sintió alivio al comprobar que era él. Mientras se fundían en un afectuoso abrazo, aprovechó para volver a mirar hacia donde estaba aquel misterioso personaje. Pero ya no de encontraba allí.

—Me alegro de verte, Bertram —le comentó Alger una vez que terminaron de saludarse—. Estás helado de frío. Espero no haberte hecho esperar demasiado.

—Yo también me alegro de verte, Alger. Ya era hora de volver a vernos —respondió Bertram intentando aparentar la mayor naturalidad posible.

—Pues bienvenido de nuevo a Stuttgart. Aunque a estas horas que llegas, poco se puede hacer por aquí. ¿Has cenado algo durante el viaje? —preguntó Alger.

—No, no he comido nada. Pero se me acaba de quitar el hambre —alegó Bertram mientras buscaba con la mirada a la persona que identificaba como el lobo—. A estas horas, ¿quién va a tener hambre ya?

—Venga, pues vamos a por el coche para que te puedas instalar en casa y así ponernos al día —añadió Alger mientras cogía la maleta que había junto a la pared de la estación—. Yo tengo muchas cosas que contarte y seguro que tú a mí también.



Siguiente





Y llega el momento de decidir. ¿Qué planes tiene Bertram para esa noche tras lo que acaba de presenciar?

Elige una de estas cuatro opciones.

A) Decide ir en busca de la extraña persona que acaba de ver, dejando tirado a Alger.

B) Le cuenta a Alger que alguien les está observando y le convence para que vayan los dos a buscarlo.

C) Piensa que ya está envuelto en un problema muy gordo como para meterse en otro más y se van a casa de Alger.

D) Da por finalizada su visita a Stuttgart, queriendo coger un tren que le lleve lejos de allí y de la aterradora persona del halo rojo.



Deja un comentario con la opción elegida. Opcionalmente, puedes detallar tu respuesta.

* Sólo se tendrán en cuenta los comentarios no anónimos








7 comentarios:

  1. Hay que ir a por el lobo y enseñarle quien manda.
    La B

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  2. La C. Mejor tomarse las cosas con calma y evitar riesgos.

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  3. La A. Hay que enteresarse un poco de como va la vida vampírica... aunque obviamente tiene que ser una aproximación muy diplomática.

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  4. Se cierra el plazo para participar, produciéndose un triple empate. Para desempatar, contará doble la primera respuesta, y así sucesivamente hasta que se deshaga el empate.

    En este caso, vence la opción B.

    En unos días, la continuación VV

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