viernes, junio 09, 2023

Bertram Kastner (20) - Falta de confianza

Dentro de su sueño, Bertram mantiene una conversación con Roderick, quien le ayuda a recordar qué ocurrió en su estancia en Berlín. Sin embargo, descubre que ese no es Roderick, sino Niels Rainath, que pretende averiguar la ubicación de un importante vampiro. Tras un enfrentamiento mental y a punto de revelar esa información, Bertram consigue despertar. Pero no está solo. Ante él se encuentra un nuevo vampiro que ha estado observándole mientras estaba inconsciente.

Esta es la 20ª página del relato interactivo de Bertram Kastner, basado en el juego Vampiro La Mascarada. Puedes participar en los comentarios decidiendo sus siguientes pasos. También en el hilo de Twitter y en la publicación correspondiente de Wattpad.




   Todavía bajo el dominio de la desconfianza, Bertram intentó incorporarse con el objetivo de adquirir una posición más ventajosa en el caso de necesitar huir. Tal y como se estaban desarrollando las cosas aquella noche, no sería de extrañar que pronto tuviera que poner pies en polvorosa de nuevo. En ese momento, fue consciente de que sus heridas no se habían curado del todo, al igual que le había ocurrido a Erika antes. Seguramente, había consumido demasiada sangre para sanar las más críticas y su cuerpo ya no podía terminar de recuperarse con la reserva restante.


   Finalmente, consiguió ponerse de pie, quedando apoyado en el tronco del árbol que había a sus espaldas y reponiéndose del dolor que le había provocado hacer tal esfuerzo. Gracias a la luz que Jünaj había encendido a su lado, tuvo la oportunidad de analizarlo mientras recuperaba el resuello.


   Éste, tenía un aspecto algo desenfadado y salvaje. Su pelo desordenado casi le rozaba los hombros y en su rostro mostraba una barba que llevaba varios días creciendo sin control. La combinación de ropa era algo peculiar, mezclando una camisa, una especie de jersey y una chaqueta larga con un colgante con largos colmillos de un animal. A pesar de eso, lucía su vestimenta de forma impoluta y limpia, dando a entender que no vivía en medio de la naturaleza.


   Había permanecido callado e inmutable desde que le lanzó aquellas preguntas a Bertram, pero sin quitarle la vista de encima. Daba la sensación de que no le impacientaba el no haber recibido aún una respuesta, como si tuviera todo el tiempo del mundo para esperar.

Yo soy Bertram... —acertó a decir, deteniendo sus palabras por precaución justo antes de mencionar su apellido.


   Jünaj simplemente asintió, dándole pie a que continuara respondiendo a su segunda pregunta.

Erika y yo hemos venido a solicitar asilo y protección —añadió, volviendo a mirar por los alrededores en busca de su amiga—. ¿Qué le ha ocurrido a ella? ¿Dónde dices que está?

Ahora mismo, debe estar recuperándose en mi residencia —le respondió Jünaj serenamente—. Había sufrido demasiadas heridas y estaba al límite de la muerte definitiva.


   A pesar de que por sus palabras podía deducir que Erika estaba fuera de peligro, no pudo evitar agitarse ante la idea de haber puesto en riesgo extremo otra vida más; Alger, su familia y ahora, Erika. Eso no pasó desapercibido para Jünaj, quien le hizo un gesto con sus manos para que mantuviera la calma.

—Por suerte, el joven que ha venido conmigo hasta aquí la conocía. Había coincidido con ella y con Roderick en Stuttgart —prosiguió Jünaj—. No ha tenido inconveniente en prestarle algo de su sangre y la respuesta de su cuerpo ha sido positiva, iniciándose su regeneración. Le costará recuperarse del todo unos días, pero lo importante es que ya está a salvo.

—Muchas gracias por ayudarla —le respondió Bertram, totalmente aliviado al saber de la situación de su compañera de aventuras.


   Las reconfortantes palabras de Jünaj le invitaban a confiar en él, relajando la gran tensión acumulada por los encuentros previos con Niels. Cayó en la cuenta de que si éste hubiera tenido la intención de atacarle, podría haber aprovechado mientras estaba inconsciente. Vale que, mientras dormía, éste le había estado lanzando piedras; aunque al parecer su objetivo era simplemente despertarle, cosa que consiguió. Por lo que pensó que era alguien de fiar y emprendió la marcha hacia el montículo de piedra en el que se encontraba sentado.


   Inmediatamente, el semblante de Jünaj se tornó más serio, a la vez que le indicó una señal de alto con la mano. Desconcertado, Bertram se detuvo nada más haber empezado a andar.

Lo siento, Bertram. No puedo permitirte el paso —declaró Jünaj con firmeza—. Como comprenderás, no puedo fiarme de alguien a quien acabo de conocer y con el que sólo he intercambiado un puñado de frases. ¿Estarás de acuerdo conmigo?

Pero... conocéis a Erika. Yo iba con ella —le argumentó Bertram intentando conseguir su beneplácito.

Así es, pero por desgracia, Erika no ha llegado a despertarse y no nos ha podido contar su historia —se excusó Jünaj—. Es cierto que ibais juntos o al menos eso hemos deducido al encontraros inconscientes cerca del coche ardiendo.

¿Entonces por qué no...? —le intentó preguntar Bertram.

¿Quién me dice que no has sido tú quien ha herido a Erika y el que ha provocado este accidente para que pareciera que ambos necesitabais ayuda? —le interrumpió Jünaj, mostrando sus reticencias—. No serías el primero que, a lo largo de estos años, ha venido solicitando ayuda y ha intentado acabar conmigo después.


   Una sensación de frustración recorrió la mente de Bertram, al no tener ningún medio con el que demostrar su buena fe. Si bien, era cierto que él tampoco había confiado en Jünaj desde el principio, llegados al punto de la conversación donde le aclaró sobre el paradero de Erika, creyó que se había establecido un vínculo de confianza mutua entre ellos.

¡Debes creerme! —exclamó desesperado—. ¿No puedes leerme la mente o hacer algo para saber que digo la verdad?

Sí, puedo hacerlo —sonrió satisfecho Jünaj poniéndose en pie—. Aunque por desgracia, la barrera que nos separa lo impide. Nuestras habilidades sobrenaturales no pueden atravesarla.


   Jünaj comenzó a avanzar lentamente hacia él. A su vez, Bertram empezó a sentir cómo algo le repelía hacia atrás, obligándole a apoyarse de nuevo en el tronco del árbol en el que había despertado. Por su parte, Jünaj se detuvo, con la intención de no arrinconar más a Bertram.

—Aquí dentro me encuentro aislado. No puedo comunicarme con nadie del exterior telepáticamente. Ni siquiera, leer tu aura para detectar una simple mentira que la haga fluctuar —le expuso Jünaj, dándole la espalda para volver al pedestal en el que reposaba el quinqué.

¿Y dónde está esa barrera? —se interesó Bertram, intentando encontrarla en el espacio que les separaba, mientras que se sentía liberado de la presión que le había supuesto la aproximación de Jünaj.

En este punto se podría decir que me envuelve, al haber estirado sus límites para llegar hasta aquí —le explicó Jünaj tomando asiento de nuevo—. Pero como ves, a mí me cuesta mucho alejarme del pueblo y a ti mantenerte cerca de mí.




¿Y cómo ha podido entrar Erika? —le cuestionó Bertram.

La persona que me ha acompañado hasta aquí no es un vampiro y, por tanto, no está sometido a las mismas restricciones que tenemos tú y yo —le aclaró Jünaj—. Él ha sido el que te ha acomodado junto a ese árbol y quien ha reconocido a Erika. Si no llega a ser por él, tampoco la habría invitado a entrar a esta parte de la barrera.


   Algo se iluminó en la cabeza de Bertram, como si hubiese encontrado una vía por donde convencer a Jünaj.

Erika puede crear ilusiones que engañan nuestros sentidos —comenzó a explicarle Bertram de forma esperanzada—. ¿Qué hubiera pasado si se tratara de una impostora?

—Un espejismo creado fuera no puede ser visto desde dentro, por lo que teníamos la certeza de que se trataba de ella y no de alguien intentando suplantar su identidad —se justificó Jünaj.

—¡Exacto! De la misma manera, a mí me estás viendo ahora mismo tal cual soy —exclamó Bertram abriendo sus brazos y dándole a entender que no escondía nada.

—Soy consciente de ello, Bertram. Pero a diferencia de Erika, parece que aquí no hay nadie que te conozca —le comentó Jünaj comprendiendo por dónde quería ir su interlocutor con su argumento—. Además, ella estaba en letargo y debido a su lamentable estado físico, el riesgo que suponía invitarla a pasar era totalmente asumible para mí.


   Bertram cerró los ojos y resopló, al darle la sensación de estar hablando con una pared. Enseguida, se cargó con un nuevo argumento con el que pasar al ataque.

—¿Quieres decir que si me lesiono y pierdo el conocimiento de nuevo, accederás a que pueda entrar? —le espetó Bertram de manera desafiante—. En ese estado, no seré una amenaza para ti.

—No hagas tal cosa, Bertram —le desanimó Jünaj negando con la cabeza—. Me has caído bien, pero eso no hará que me arriesgue a darte acceso. Además, tu cuerpo se quedaría abandonado a su suerte a la intemperie. Y si no consiguieras despertar por tu cuenta antes del amanecer, el Sol te convertirá en cenizas.

   Sabía que podía llegar a convencerlo y por ello, siguió buscando algún resquicio al que aferrarse para gestar un discurso que lograra hacer entrar en razón a Jünaj. A penas hacía unos minutos que lo había conocido, por lo que era complicado tener un historial sobre qué podría agradarle o disgustarle a aquel personaje. Inmediatamente, recordó lo que Erika le contó sobre él durante el viaje, encontrando que tenían algo en común.

¡Jefe, están aquí! —se escuchó a alguien en medio de la oscuridad de la ladera tras Bertram.

   Ambos vampiros dirigieron sus miradas hacia el origen de la voz, atisbando la luz de una linterna y la silueta de un hombre que la sostenía.

No me habías dicho que esperabas compañía, Bertram —le señaló Jünaj.


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Parece que los intentos de Bertram por convencer a Jünaj no han tenido el éxito deseado hasta ahora. Ante la inminente irrupción de uno de los hombres de Niels, ¿qué decidirá hacer Bertram?
A) Intentar trepar el árbol para esconderse en la copa
B) Huir de donde está el taxi ardiendo para evitar a Niels
C) Suplicarle a Jünaj que le permita el paso, dándole una buena razón para ello (detallar respuesta)
D) Exigirle a Jünaj que le permita el paso, perdiendo los nervios y reprochándole/insultándole (detallar respuesta)

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