domingo, enero 14, 2018

Bertram Kastner (15) - La carrera más tensa

Tras una fugaz visión sobre el destino de su familia, Bertram y Erika consiguen salir del parking subterráneo y llegar hasta el exterior, donde localizan un taxi. No disponen de mucho tiempo, ya que, en breve, Niels Rainath les dará caza.


Esta es la 15ª página del relato interactivo de Bertram Kastner, basado en el juego Vampiro La Mascarada. Puedes participar en los comentarios decidiendo sus siguientes pasos.


   Con la intención de abandonar las inmediaciones lo antes posible, Erika le indicó al taxista a dónde debían dirigirse sin esperar a que su compañero terminara de acceder.

—A la estación de tren, por favor.


   Bertram se apresuró en entrar al taxi, manteniendo vigilada la salida del aparcamiento y dando por hecho que Niels aparecería en cualquier momento. Por su parte, el conductor observaba tranquilamente por el espejo retrovisor cómo Bertram subía al vehículo antes de reanudar la marcha.

—¡Acelere! —exclamó éste al taxista en el momento que vio a Niels saliendo del parking junto a uno de sus matones.


   Sin gran dilación, el conductor puso ágilmente la marcha y pisó el acelerador a fondo, aún con la puerta de Bertram abierta. El ruido que provocó el coche llamó la atención de Niels, quien señaló hacia el vehículo que se alejaba a toda velocidad. Tanto él como su ayudante comenzaron a perseguir el taxi, aunque, debido a sus numerosas heridas, Niels no era capaz de avanzar demasiado. Sin embargo, su lacayo adquirió una velocidad superior a la del vehículo, lo que provocó que comenzara ganarles terreno.


   Ante aquella situación, Erika y Bertram eran conscientes de que iban a ser alcanzados en cuestión de segundos.

—¡Vaya más rápido! —ordenó Bertram al taxista mientras observaba cómo su persecutor realizaba un salto sobrehumano.


   Por los pelos, había conseguido esquivar un coche que estuvo a punto de atropellarlo. Mientras que no le quitaba la vista de encima, Bertram dedujo que debía tratarse de otro vampiro, por el gran esfuerzo físico que estaba realizando sin desgastarse ni un ápice. Pero algo más llamó su atención: el vehículo que casi les ayuda a deshacerse del matón que les perseguía.

—¿Has... has visto ese coche? —preguntó un Bertram incrédulo a Erika al ver que el vehículo se había desvanecido como si de un fantasma se tratara.






   Pero Erika, absorta en el cazador que cada vez estaba más cerca de ellos, ignoró la pregunta de Bertram. Sólo les separaban diez metros, por lo que el momento del alcance era inminente.

—Gire a la derecha —le pidió Erika al taxista.

—Pero, por ahí no se va a la estación —respondió éste poniendo en duda la indicación de Erika.

—¡Gire a la derecha de una vez! —insistió Bertram de forma tajante.


   Sin volver a dudar, el taxista dio un volantazo hacia la derecha en cuanto llegó al siguiente cruce. Agarrados al asiento para no volcar, los vampiros observaron cómo su persecutor continuaba recto en vez de girar también a la derecha. Bertram fue consciente de que, de alguna forma, Erika estaba influyendo en la percepción del vampiro que les perseguía. Y parecía que había conseguido engañarlo.

—Vuelva a girar a la derecha —le indicó de nuevo Erika mientras miraba a todos lados a través de las ventanas.


   El taxista giró en la siguiente calle, tal y como Erika le había dicho. Sin embargo, las formas tan bruscas con las que se habían dirigido a él habían acabado con su paciencia.

—Ya está bien. Me pidieron ir hacia la estación, pero, con estas indicaciones tan repentinas y caprichosas, nos alejamos de su destino —renegó el taxista, disminuyendo la velocidad del vehículo—. Además, me están obligando a realizar maniobras arriesgadas con estas órdenes. Por lo que he de pedirles que se bajen de mi taxi ahora mismo. No les cobraré la carrera con tal de que se vayan.

—Pero... hemos de continuar. Nos persiguen —le comentó Erika al taxista mientras el coche se detenía.

—No quiero problemas, abandonen mi taxi inmediatamente —les inquirió el conductor.

—No, bájese usted del taxi —le respondió Bertram como si de una orden se tratara, mientras salía del vehículo.


   Bertram se paseó hacia la puerta del conductor, mientras que el taxista también se apeaba del coche.

—Es... este es mi taxi —balbuceó el hombre totalmente desconcertado ante lo que estaba haciendo.

—Deme las llaves —le ordenó Bertram extendiendo la mano delante del taxista.

—Mis llaves... —pronunció el conductor mientras que se las entregaba a Bertram—. Mi coche.

—Muy bien, ahora, váyase andando hasta el parque y siéntese en un banco —concluyó Bertram, provocando que el taxista comenzara a alejarse a pie, aún dudando de lo que estaba haciendo.


   Rápidamente, Bertram entró en el vehículo y reanudó la marcha mientras Erika observaba cómo el taxista deambulaba en dirección contraria a ellos.

—Robar un taxi no es lo mejor que podíamos hacer, pero qué remedio. Intenta ir hacia la izquierda para no volvernos a acercar a la zona del Elíseo —sugirió Erika rastreando los alrededores con la mirada—. Niels debe estar cerca y no me apetece encontrármelo.

—A mí tampoco me parece bien lo que le he hecho a este pobre hombre, pero todo sea por no volver a encontrarnos con ese psicópata. Así que no dudes en usar tus trucos de magia si lo ves aparecer o a alguno de sus hombres —le explicó Bertram.

—No son trucos de magia... —aclaró Erika algo indignada—. Bueno, da igual.


   Tras varios minutos de tensión durante los cuales iban oteando los alrededores y prestando atención a cualquier amenaza que pudiera surgir en el camino, consiguieron llegar hasta las afueras de Stuttgart sin encontrarse con más obstáculos que el propio tráfico.

—Parece que hemos tenido suerte —dijo Bertram aliviado por ver la salida de la ciudad—. Y ahora, ¿a dónde nos dirigimos?

—Hacia el oeste, al pueblo de Kreuzungblut. Está a unos treinta minutos —le contestó Erika—. Espero que ahí podamos estar a salvo de los tentáculos de Niels.

—¿Quién nos espera allí? —preguntó Bertram.

—Un amigo de nuestro líder Roderick que... —comenzó a explicar Erika.

—¿Roderick? ¡Roderick Sevald! —le interrumpió Bertram—. ¡Intentó contactar conmigo en sueños! Necesito contarte las cosas que he visto, ya que tú podrías interpretarlas.


   Erika abrió los ojos como platos ante la posibilidad de que Roderick le hubiera hecho alguna revelación importante a Bertram. Podía ser una buena ocasión de conocer qué era lo que estaba sacudiendo a la sociedad vampírica de la ciudad y más allá de ésta.

—De acuerdo. Empieza a contarme tus visiones —le respondió Erika, a la vez que accedía al asiento del copiloto desde la parte trasera del coche.



Siguiente



Durante estos días, Bertram ha tenido multitud de visiones. ¿Cuáles decidirá contarle a Erika primero? Puedes elegir un máximo de dos opciones. El orden en que las elijas es importante, así que en caso de elegir más de una, pon primero tu opción preferida.

A) Visión del lobo y las ovejas en la estación de Stuttgart (capítulo 2)

B) Visión de la conversación por teléfono entre Alger y Gretchen, al beber sangre de Alger (capítulo 4)

C) Sueño familiar donde Roderick Sevald quería hablar con Bertram (capítulo 9)

D) Visión de la conversación entre Niels y Volker, cuando Niels le bebió la sangre en el coche de Erika (capítulo 12)

E) Visiones sobre su casa ardiendo, al beber la sangre de uno de los matones de Niels (capítulos 13 y 14)



Además, en función del número de comentarios (entre blog y foro), ocurrirá:

Menos de 4 comentarios: Bertram y Erika no se darán cuenta de nada

Entre 4 y 6 comentarios: Notarán algo extraño

Entre 6 y 10 comentarios: Se darán cuenta de algo

Más de 10 comentarios: Se darán cuenta de algo a tiempo de solucionarlo



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